DE LA INTUICIÓN A LA CERTIFICACIÓN B

La importancia de medir el Triple Impacto para Inexlink

Es el modelo de empresa para el futuro y más allá de lo que pudiera ser considerado una moda, cada vez hay más certezas de que no hay alternativa posible, pero cuál es la importancia de plantearse este desafío corporativo con seriedad.

Éxito económico, compromiso social y cuidado medioambiental es el tridente que toda empresa moderna persigue y declara y más allá de la premisa indiscutible de que el futuro será sostenible o no será, el esfuerzo de certificarse en triple impacto viene de la certeza de que sólo identificando, midiendo, protocolizando se pueden gestionar y optimizar estos parámetros.

En el caso de Inexlink la historia es más o menos así. En 2016, cuatro socios iniciales, con años de experiencia en minería que habían notado el enorme potencial de valorizar mejor los inventarios inmovilizados, obsoletos o con sobrestock que las grandes mineras acumulaban en bodegas y patios, sin otro destino que venderlos por chatarra a precios poco atractivos y con procesos no muy formalizados.

La idea era crear un e-Marketplace donde las compañías publicaran estos inventarios en venta, para que otras empresas pudieran adquirirlos ya sea para operarlos, desarmarlos para repuestos u ocupar su materia prima. Las ventajas eran evidentes, los vendedores se ahorraban los costos de almacenaje, optimizaban espacios en sus bodegas y obtenían mejores precios que en el remate habitual; los compradores pagaban por ellos menores precios que en el mercado y los tenían a su disposición en mucho menor tiempo que el proveedor tradicional.

Como siempre, cambiar costumbres y paradigmas largamente arraigados requirió, además del desarrollo de una plataforma colaborativa y un cuerpo legal que diera transparencia y confianza, seducir empresa por empresa en este nuevo modelo de negocios, teniendo como principal atractivo el beneficio económico.

Y si bien, ese era el argumento principal, intuitivamente los socios siempre pudieron visualizar el impacto social y ambiental que el modelo de Inexlink traía adosado y que era comunicado a los clientes con declaraciones tan potentes como imprecisas. Todo lo que se vende a través de Inexlink se deja de fabricar y transportar desde el fabricante original, se da nueva vida a equipos y repuestos reincorporándolos al sistema productivo, se alarga la vida de las materias primas y se dejan de almacenar equipos en bodegas y patios no siempre bien acondicionados. Se virtualizan los procesos corporativos y se crean plazas de trabajos flexibles y descentralizados, para personas que no pueden siempre acceder a entornos laborales tradicionales, como mujeres con hijos, estudiantes y profesionales ubicados en diversos lugares geográficos.

A la madurez corporativa y el sentido de urgencia que adquiere cada día la crisis climática, se sumó vivenciar globalmente la pandemia por Covid-19 y la decisión de avanzar en certificarse en el triple impacto y medir huella no se hizo esperar.

Actualmente Inexlink se encuentra postulando a la certificación B, por lo cual está incorporando protocolos y procesos para medir adecuadamente su impacto socioambiental. Lo anterior incluye trazar las operaciones de compra y venta concretadas, de manera de dimensionar y documentar, con evidencia basada en investigaciones académicas y estudios independientes, el alcance de la reutilización de equipos y materias primas que permite su modelo de negocios. Poder valorar como una Empresa B el ahorro que experimentan los clientes, permite fortalecer la relación con ellos y afianzar la red de intercambio circular.

Dentro de estos estudios independientes, junto a la consultora GreenTicket desarrollan el proyecto de medir la huella corporativa y crear una calculadora de eco-equivalencia que permita a sus clientes poder gestionar el impacto ambiental en lo que se conoce como “aguas arriba”, un aspecto de la cadena de suministro industrial que no siempre se incluye en este tipo de mediciones por su complejidad. En minería, por ejemplo, sería todo lo que está antes de la extracción, procesamiento y transporte del mineral que producen.

Como ejemplo del impacto positivo potencial del modelo de negocios de Inexlink, la consultora tomó una transacción del 2019 en que una empresa minera vendió a otra 54 kms de tuberías HDPE que estaban sin uso. Sólo considerando la materia prima de estos insumos, es decir, 1.624 toneladas de HDPE en gránulos, hay un ahorro para el planeta ecoequivalente a 23 millones de kilómetros recorridos por un vehículo diésel o la energía eléctrica promedio que gastan 1.025 casas en un año.

Así las cosas, el 2021 se proyecta con desafíos corporativos de gran envergadura para la compañía, pero con la firme convicción que avanzar por esta senda no es una alternativa si no que una necesidad.

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